No, no me volví pandereta.
Recientemente estuve en un vuelo nocturno entre Copenhague y Bergen. No es secreto que de un tiempo para acá me da miedo volar, y eso se exacerba por las noches... ¿miedo a lo desconocido?
El vuelo, supongo, jamás tuvo ningún peligro serio. Sin embargo, se movió de principio a fin. Me bajé del avión temblando. Durante todo el vuelo le rogué a Dios que se acabara la turbulencia. Sólo en eso pensé.
Cuando el ser humano envejece, o se asusta o se siente inútil, se acuerda de Dios como nunca.
¿Por qué seremos tan doble cara?
próxima parada: Melmac
¿Hay problema, Willy?
sábado, 14 de noviembre de 2009
miércoles, 11 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
Metiéndose en la vida ajena

La arquitectura (y en este caso la topografía, porque me tuve que subir a una cuesta) ofrece la posibilidad de meterse en las vidas de otras personas. Este es un acercamiento a la fachada de Fantoft, un ghetto inhumano, pero a la vez lleno de vida. 1.300 personas viven en este conjunto de aspecto soviético, algunos de los cuales son refugiados de guerra de países como Sudán o Uganda.
¿Qué hay detrás de las 1.000+ ventanas de Fantoft?
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